adicciones.
Pensar en mis adicciones me enferma y al mismo tiempo me salva. Desayunando una toronja y una quesadilla gigante de queso Oaxaca [¡ay Oaxaca!, eres dueña de tantas nostalgias mías, yo que juré que no había nada bueno en Oaxaca, que sólo las tlayudas me flipaban, pero no, me flipan mis nostalgias oaxaqueñas] pueden pasar las cosas más extrañas. Buscaba en el mapa de NYC la calle cuarenta, ahí viví un tiempo. Prendiste la luz "¿cómo puedes ver así?" obvio no sabes que como los gatos: puedo ver en la obscuridad. No sé por qué no podía mirarte directamente a los ojos, de reojo, escapando siempre, quería hacerlo...quizás me había bastado aquella mirada tuya que se detuvo un poco en la mía, un poco nada más, unos segundos, lo suficiente para no olvidarla jamás: estabas a punto de darle vuelta al salmón salpicado de hierbas finas "no quiero que se rompa" un gordo y fresco trozo de salmón asándose en un poco de aceite de oliva, un salmón que en el taxi se pegaba gustoso al refrigerante. Los taxistas de esta ciudad son un asco, no puedo creer que se perdiera, que no pudiera llevarme a mi destino a semi-tiempo, digo destino por decir algo porque el destino no existe, eso es una mierda. Siempre llego tarde "si me hubieras conocido a los treinta" "si hubiera..." pero no, no llegué, qué bueno, a mi me gusta llegar tarde a ciertas cosas, momentos y vidas, ya te lo explicaré con un tinto de por medio y un corte jugoso con espárragos al vapor, hasta me voy a comer un pedazo también, para recordar a qué sabe la carne, la sangre de esos pobres animales que te comes con tanto gusto y sin culpa. Siempre me has parecido un hombre cuidadoso, eso fue lo que me gustó de ti, lo primero que me gustó, después las manos, la espalda, los brazos, las nalgas, ese olor delicioso que se concentra entre tu cuello y el hombro...la cama por supuesto, no puedo decidir si eres mejor en la cama o dándole vuelta al salmón, las dos operaciones requieren cuidado, esmero, etc. Yo destrozo el salmón siempre que cocino, no fuiste brusco para impedirme que volteara el salmón, sabes hacer las cosas, eso te lo reconoceré siempre, que sepas hacer las cosas...también puse de mi parte, la cantidad exacta de hierbas, no podrás negarlo. Se me olvida a veces que estoy con un hombre en serio: contigo. Es fácil arrancarle la camisa a un pendejito de veinte o de treinta e incluso a uno de cuarenta, un hombre promedio, soso, que cree en dios y que lo más doloroso del mundo es perder la erección. Tú y yo hemos perdido cosas valiosas, nos hemos levantado de la nada, sé que eso puedes verlo, sentirlo, apreciarlo a pesar de mis impulsos y azotes adolescentes. Contigo arrancarte la camisa se complica de un modo delicioso, no pude hacerlo como la primera vez que estuvimos juntos, me monté encima de ti mientras estabas sentado, empecé a besarte hambrienta, caliente, mojada, terriblemente mojada ya por ti. Sí, estoy en tensión todo el tiempo, palpitando y conteniéndome para después explotar en cinco o seis o siete orgasmos, la verdad pierdo la cuenta, deberías contármelos. Y no, no grité como aquella vez, porque quería escuchar el sonido de los autos mientras me penetrabas lastimando y dándome placer. Estaba como sedada, el salmón, el chocolate, el vino, el humo "¿por qué no me tocas?" sentía placer cuando apretabas mis muslos, la rodilla, el final de la pantorrilla, esos pantalones deslavados son como guantes, me permiten sentir todo, sentía placer mientras tocabas con tus dedos mi coño, sólo podía decirte lo que estaba sintiendo "estoy disfrutando como me tocas" Por favor perdona mis gestos infantiles como ese: disfrutar tus manos sin corresponderte, también chuparme a veces el dedo cuando duermo o rascarme con desenfado y bruscamente el hombro porque me picó un moscardón malvado. Contigo no puedo ser [o no quiero ser] esa mujercita fatal que se pone zapatos de puta, les baja el cierre y arranca camisas. Eres un hombre, no necesitas de esas tonterías para tener una erección, he descubierto que para excitarme tampoco necesito que me digas puta o que me digas cosas sucias o me rasguñes, contigo me vengo sin necesidad de un circo barato que por años he tenido que montar con tantos y tantos hombres que se van a decepcionar de mi cuando lean esto, ¿sabes? no me importa, mejor. Y sí, quizás una noche me pidas que me ponga unos zapatos de "puta" y no me ofenderé. No quiero contar los años que tuve que esperar para que me cogieran bien, tanto que criticaba a los malcogidos y malcogidas, incluso a J, pobre, mil veces le dije que era un malcogido de hueva. Yo también lo era, qué triste reconocerlo y al mismo tiempo qué alegría dejar de ser una malcogida. No sé si vamos a coger mucho o casi nada, tampoco importa, a unos días de estar contigo me siento satisfecha, sin ganas de ir a bajar cierres o meterme con pendejitos. Es verdad lo que te dije, así duermo, me gusta dormir en pijamitas, en invierno también son pequeñitas, pero de tela polar para dormir calientita. Cuando elegiste negro con diminutos puntos blancos, supe algo más de ti, ya puedo tirar sin compasión toda esa artillería putona, vulgar, sin un gramo de buen gusto, ya puedo empezar a tirar [o vender barato los pedazos a los güeyes del fierro viejo o nuevo, jojo] esa armadura oxidada y putrefacta que un día fui, que aún soy....ya puedo cerrar los ojos y no desear bajarme los calzones ante la menor provocación. No te besé porque quería prenderme poco a poco, no incendiarme como aquella vez...no te besé porque sentí que tampoco querías besos, no te besé...puede que un día lo haga o puede que jamás vuelva a hacerlo, mientras tanto, voy a levantarme de la cama, a vestirme, iré por un jugo de toronja, a ponerme las gafas obscuras, odio el sol, Morrissey y su drive in Saturday suena bien...arrested for drunk driving in Saturday, suena pasado de moda, never, never, nevermore...manejaré con cuidado de ahora en adelante, aquí pasarte un alto es grave, el exceso de velocidad también, comienzo a aprender....


0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Página Principal